¿A partir de qué edad puede ver películas de miedo? ¿Tendrá pesadillas? ¿Tiene sentido que las vea?

Actualizado: 9 de nov de 2020

Muchos de nosotros aún tenemos el recuerdo de “esa” película que nos asustó de niños, nos asustó tanto que estuvimos teniendo pesadillas por varios días. Seguramente nuestros padres también recuerden esos días, sobre todo por no haber podido dormir por estar cuidándonos.


Ahora los padres somos nosotros. Las películas de miedo pueden, como seguramente imaginarás, generar malestar en nuestros pequeños, sobre todo si los exponemos a ellas demasiado pronto, pero también tienen, si sabemos encontrarlo, algún que otro punto interesante para ellos.


¿Qué consecuencias negativas puede tener para los niños?

¿Cuándo es demasiado pronto? Los niños menores de cinco años no son capaces de distinguir entre la realidad y la ficción, de manera que es perfectamente posible, en su mente, que eso que están viendo en la tele “pueda pasar de verdad”. ¡Imagina qué miedo!


Algunos de los efectos negativos que pueden aparecer cuando son expuestos a contenidos de terror a estas edades aún tempranas son: ansiedad, problemas de sueño, comportamientos agresivos y desarrollo de conductas de riesgo (comportamientos que pueden poner en peligro su integridad, salud o la de otros). Eso concluyó un estudio realizado por la Universidad de Columbia y el Hospital Infantil de Nueva York en el 2006.


Joanne Cantor, autora del libro “Mami, tengo miedo” (“Mommy, I'm scared”) señala a partir de los datos de su estudio que aquellos estudiantes universitarios que vieron películas de miedo antes de los 14 años presentan problemas para dormir. Además, muestran cierta ansiedad ante actividades consideradas en realidad seguras o, dejan directamente de realizarlas.

La resiliencia de los niños es mayor de lo que creemos .-

A pesar de lo que hemos visto, un estudio realizado en 2015 desveló que ese impacto que hasta ahora se había establecido (problemas de sueño, ansiedad, etc.), no se producía en todos los niños, y no siempre con una intensidad clínica.


De acuerdo con los autores de este estudio, sí que hay niños que muestran unas reacciones muy intensas ante determinados contenidos audiovisuales de miedo, pero no son todos, ni sus consecuencias son siempre duraderas en el tiempo. Al parecer los niños tienen una capacidad de resiliencia mayor de la que esperábamos, y son más “resistentes” o impermeables a los efectos de las películas de miedo de lo que se pensaba.

Siguiendo con este estudio, los autores afirman que no es la película en cuestión la causa última de que un niño muestre unos efectos más o menos potentes ante el terror, sino que hay otras variables en juego como la personalidad, la crianza, el contexto; entre otros.

¿Por qué ver películas de miedo?

Adentrarse en el mundo de las emociones negativas como pueden ser el miedo o la ansiedad puede ser positivo para los niños, dado que están en pleno desarrollo emocional y están aprendiendo a gestionar sus emociones, lo cual empieza por reconocerlas.


Y es que por mucho que no nos gusten, las emociones negativas son útiles, importantes y necesarias, como tan maravillosamente bien explican en la película de Pixar “Intensa-mente”.

Ahora bien, no se trata de encender la tele y ponerles ante la primera película de terror que nos encontremos. Esa exposición que decíamos que puede resultar positiva solo lo será si están acompañados por nosotros, si se produce en un contexto seguro y con nuestra guía.


Tener un contexto seguro en el cual poder poner a prueba esas emociones, es una vía estupenda para ir adquiriendo las habilidades necesarias para gestionarlas. La experiencia es siempre una fuente de aprendizaje. Si no sabemos manejar estas emociones negativas, si las evitamos, vamos a tener problemas en la vida adulta, porque, spoiler, la vida está llena de cosas que dan miedo (o que generan malestar, ansiedad, etc.), más nos vale estar listos y preparar a nuestros pequeños para que también lo estén.

¿Por qué ver películas de miedo en familia?

Las películas de terror, como mencionábamos, proporcionan un escenario de pruebas, un contexto en el que podemos (y eso incluye a los niños) probar determinadas cosas sin que tengan consecuencias. A esto lo llamaríamos experiencias indirectas.


Los niños aprenden muchísimo de esas experiencias indirectas (es decir, experiencias que vemos en otros, en televisión o lo que nos cuentan). Esto es precisamente por lo que siempre han existido los cuentos de miedo o fábulas, porque eran una vía de transmisión y aprendizaje para los más pequeños acerca de los peligros del mundo.


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